Este debate lo escuché mientras esperaba el comienzo de un seminario de economía internacional. En la puerta del aula, donde se iba a dictar la clase, debatían cuatro personas con diferentes influencias académicas. Dos de ellos, David y Ricardo pertenecían a la Universidad de La Teca, Juan era alumno de la Universidad del Prestigio, y José provenía de a la Universidad de Birra.
Todos ellos comenzaron a charlar a raíz del comentario que había hecho Ricardo acerca de las relaciones económicas entre países; “ahora van a ver como nos quieren meter el cuento de que hay que superar las teorías consagradas”. “¿Te parece?”, contestó José, demostrando apatía por tal afirmación. Entonces Juan balanceando el encuentro introdujo un comentario: “creo que todos estamos de acuerdo en que la actividad económica de un país tiene que adecuarse a la actividad que lleva a cabo con mayor productividad y que en general están directamente relacionadas con las diferentes dotaciones relativas de factores, pero hay muchas cuestiones para rediscutir”. Y dirigiéndose a José buscando quizás una mirada un poco más crítica a la que podían llegar a dar David y Ricardo le preguntó si consideraba como válido su punto de vista. José viéndose obligado a contestar dijo: “eh…, lo más interesante es rediscutir esos intocables y viejos postulados… y para lo primero que decís tengo varias objeciones”. Con cara de asombro Juan quiso que le especifique un poco más acerca de sus diferencias, pero antes de eso hizo otra afirmación: “Mirá que yo no creo que todos salgan beneficiados del mismo modo con esta división del trabajo ¡eh! Yo solamente digo que es mejor a nivel agregado. Es el camino para elevar la riqueza mundial”. Este comentario permitió la intervención de David, (hasta entonces mudo): “Qué importancia tiene esto del beneficio, nosotros no nos preguntamos por cuestiones sociales, somos economistas. De lo que se trata es de estudiar los métodos más eficaces para asignar recursos escasos.” Esto provocó una rara tristeza en José, y casi se aleja del debate. Pero era hora de comenzar el seminario y fue salvado por la campana de entrada.
Un vez finalizada la presentación y con una cuantiosa cantidad de datos estadísticos asimilados José fue al encuentro de quienes se habían topado con él a la entrada. Estaban juntos verificando sus posturas. Los tres compartían bases ideológicas, sin embargo, Juan estaba más predispuesto a escuchar y analizar cuestiones fuera de las tradicionales.
Luego de los comentarios acerca del seminario José les preguntó si tenían alguna consideración acerca de los beneficios del comercio internacional. Entonces, casi a coro, afirmaron que era la mejor forma de asignar recursos, y que de esa manera se generaba más riqueza. Y prosiguió siendo más directo: “¿Pero no les parece que hay ganadores y perdedores bajo esta división del trabajo?”. “Yo no lo creo” respondió inmediatamente y con soberbia David. “Para mi, tu punto de vista es anti-empírico. Es claro que la sociedad mundial genera más bienes en menor cantidad de tiempo con esa división, ¿no escuchaste los datos que nos dieron?, (hizo una pausa y continuó), ¡Miren!… ¿saben lo que pasa?, A esto no hay como refutarlo; no hay más verdad que la de los números. En el fondo los datos nos dicen que varios países están así de mal porque manejan mal sus recursos o porque no quieren trabajar” aseguró Ricardo. “Uhh mirá lo que decís” atino a decir José, que respiró hondo y continuó; “Creo que no es bueno encajar los números en las teorías que nos inculcaron sin más. No me parece bien repetir todo lo que se nos dice. ¿Alguna vez te preguntaste cuál es la relación entre la creciente riqueza y la creciente polarización de la sociedad? ¿por qué esa riqueza de la que hablás la generan cada vez más personas y la disfrutan cada vez menos personas?¿Alguna vez te planteaste siquiera como posibilidad que la división de la riqueza está en la producción misma, o sea, en la fábrica?¿ Alguna vez dudaste de algo de lo enseñando y volviste a la realidad para saber si lo que nos inculcan es real o fantasioso? Si hacés alguna de esas preguntas la perspectiva de los datos pueda cambiar, ¿no te parece? Así José intentó demostrar la debilidad de su domesticación, esa imposibilidad de ver más allá de los manuales de economía. “Quizás deberías estudiar y respetar algo más a los capos de la economía, es por ellos que hoy sabemos lo que sabemos. Son la base de esta ciencia”, remarcó Ricardo pretendiendo acabar con la charla y re-vindicar su postura. “Me parece que tenemos que poner a prueba esas concepciones, cotejarlas con la realidad para ver cuánto explican, o no, la realidad. Yo no me la creo y digo tener la posta, soy sólo alguien que quiere reflexionar y no repetir” lo amedrentó José. “Seguramente vos tengas tus influencias y yo las mías. Veremos a la postre quién tiene razón”, dijo Ricardo casi yéndose. Luego se saludaron todos tensamente y prometieron continuar con la discusión.
A mí, sin embargo, me hubiese gustado seguir escuchando la charla para nutrir mis pensamientos. Eran tres posiciones distintas, que en esencia eran dos. ¿Quién posee la verdad?¿Es pertinente afirmar que el beneficio de la división del trabajo es para todos o que esto tiene matices; o correspondería afirmar que tal división del trabajo genera la polarización en la posesión de la riqueza? Según quien responda obtendremos la solución, pero, ¿qué nos dicen los datos?, ¿qué nos dice la lógica que funciona bajo las formas de producción y comercio?, ¿dónde debemos buscar el origen de la división del trabajo y de la división de la riqueza?¿Qué dicen respecto al reparto de la riqueza internacional, regional, nacional…intra-fábrica (entre empleador y empleado)? Finalmente nadie dijo nada respecto a las ventajas absolutas y relativas y sus implicancias en la división de riqueza.
Todas las respuestas buscan su camino, mediante el arduo debate, entre quienes sólo ven números y gráficos, y quienes ven personas conviviendo en sociedad particular; es decir, bajo una relación específica entre seres humanos.
Ari Kacharí




